El yoga es más que un ejercicio, es considerado una disciplina milenaria física y mental, teniendo sus orígenes en la India. Es asociada con prácticas de meditación en el hinduismo, el budismo y el jainismo. Sus practicantes han asegurado que el yoga otorga como resultado: la unión del alma individual con la divinidad (postura religiosa), la percepción de que el yo es espiritual y no material (postura espiritualista) y el bienestar físico y mental. Lo maravilloso de esta disciplina es que se puede practicar a cualquier edad y en cualquier condición física.
Pero ¿Qué nos aporta? Desde un punto de vista “occidental”, el yoga es un ejercicio terapéutico con beneficios físicos y mentales.
A continuación, mencionaremos algunas razones por las que debemos iniciar su práctica:
Postura: Mientras el tono y la flexibilidad se equilibran, se establece una postura erguida y compensada, ya que se trabaja principalmente en extensión, realizando las posturas y contra posturas, alejando los hombros de las orejas y elongando la columna. El trabajo respiratorio del yoga ayuda también a la corrección postural.
Flexibilidad: Las posturas de yoga nos permiten estirar los músculos con total conciencia permitiéndonos ser más flexibles.
Fuerza: Las posturas llamadas asanas tonifican cada parte del cuerpo. Los músculos se tonifican utilizando el propio peso del cuerpo. El yoga se basa en la contracción excéntrica mantenida en el tiempo. Siempre se trabaja postura y contra postura, lo que permite conseguir una musculatura equilibrada.
Resistencia: Como en todo ejercicio físico, la práctica regular incrementa la capacidad de trabajo.
Desarrolla el equilibrio: En yoga hay posturas de equilibrio (como el árbol o el águila) que combinadas con la concentración realizan un trabajo de equilibrio.
Mejora el sistema digestivo: Algunas posturas de yoga afectan directamente al aparato digestivo. Favorecen el tránsito intestinal y estimulan el funcionamiento de los riñones, el hígado y el páncreas. Las asanas estimulan y masajean los órganos internos, lo que mejora sus funciones, entre ellas la eliminación de las toxinas acumuladas en el organismo. Cuanto más tiempo se mantengan estas posturas, yendo más profundo por medio de la respiración, los beneficios para los órganos internos serán mayores.
Mejora del sistema circulatorio: Al sostener una postura por un tiempo prolongado mejora la circulación de la sangre. En general, las posturas invertidas mejoran la circulación en las piernas.
Mejora de la respiración: Nos hemos mal acostumbrado a respirar de manera superficial. El yoga combina la respiración abdominal y la respiración nasal, por lo que respiramos plenamente aumentando la capacidad pulmonar. Además mejora el trabajo respiratorio brindando mayor oxigenación de la sangre.
Ayuda a prevenir el cáncer. Expertos afirman que el yoga juega un papel importante en la prevención, por el bombeo del corazón y el flujo sanguíneo. En la recuperación, proporciona alivio de los efectos secundarios de quimioterapia y radioterapia, ayudando a suavizar las alteraciones del sistema digestivo y la fatiga, potencia la eliminación de toxinas, refuerza el sistema inmune, mejora la autoestima y la gestión de las emociones.